Ellen G. de White (1827-1915)

La sierva del Señor.

Uno de los dones del Espíritu Santo es el de profecía. Este don es una señal identificadora de la iglesia remanente y se manifestó en el ministerio de Elena G. de White. Como mensajera del Señor, sus escritos son una permanente y autorizada fuente de verdad que proporciona consuelo, dirección, instrucción y corrección a la iglesia. Ellos también establecen con claridad que la Biblia es la norma por la cual debe ser probada toda enseñanza y toda experiencia (Joel 2:28,29: Hech. 2:14-21; Heb. 1:1-3; Apoc. 12:17; 19:10). Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, pág. 246
 

Nuestro deseo es que los escritos de la mensajera del Señor llenen de esperanza, consejos y paz a todos sus lectores, para que por medio del poder de Dios seamos inducidos a trabajar para su obra, porque "... a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies." Mateo 9: 37-38.

"Dios se ha dignado comunicar la verdad al mundo por medio de instrumentos humanos, y él mismo, por su Santo Espíritu, habilitó a hombres y los hizo capaces de realizar esta obra. Guió la inteligencia de ellos en la elección de lo que debían decir y escribir. El tesoro fue confiado a vasos de barro, pero no por eso deja de ser del cielo. Aunque llevado a todo viento en el vehículo imperfecto del idioma humano, no por eso deja de ser el testimonio de Dios; y el hijo de Dios, obediente y creyente, contempla en ello la gloria de un poder divino, lleno de gracia y de verdad". (CS introducción.)

Entre los cientos y miles de pensamientos y escritos de Elena de White, citamos éste para leer sus libros: "El evangelismo, verdadero corazón del cristianismo, es el tema de fundamental importancia para las personas que han sido llamadas a dar a conocer a un mundo condenado el último mensaje de amonestación de Dios. Vivimos en las últimas horas de la historia del planeta, y el mensaje adventista, que se proclama a fin de alistar a un pueblo para el regreso del Señor, debe convertirse en un fuerte clamor, para que resuene en las regiones más apartadas de la tierra." EGW Evangelismo, prefacio.